José Antonio López Ortega Müller
En esta ocasión me referiré al Dios desconocido. Quizá algunos jóvenes y adultos crean que Dios no existe. Al menos ya creen en algo, que Dios no existe. De ser así, todos los seres humanos creemos en algo o en alguien.
Si no existiese la fe humana, sería imposible relacionarnos. Si vamos con el médico, es porque creemos en él; si llevamos nuestro automóvil al mecánico, es porque confiamos en que lo va a arreglar; y así podríamos continuar con una lista interminable.
Traeré a colación dos experiencias significativas, que de entrada, pudieran parecer contradictorias, una referida por san Pablo y otra que encontramos en los escritos de Nezahualcóyotl.
No sé por cuál de las dos empezar. En fin, empezaré por la de san Pablo. Aparece en los Hechos de los Apóstoles (Act 16-28).
“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se consumía en su interior al ver la ciudad llena de ídolos. Dialogaba en la sinagoga con los judíos y los prosélitos, y todos los días en el Ágora con los que allí acudían. También algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él. Unos decían: ¿Qué querrá decir este charlatán? Y otros: Parece un predicador de divinidades extrañas, porque les anunciaba a Jesús y la Resurrección. Lo tomaron y lo llevaron al Areópago y le dijeron: ¿Podemos saber cuál es esa doctrina nueva de la que hablas? Haces llegar a nuestros oídos
cosas extrañas y queremos saber lo que significan. Los atenienses y forasteros que residían allí no se ocupaban de otra cosa que en decir o escuchar algo nuevo.
Entonces Pablo, en medio del Areópago, dijo: Atenienses, en todo veo que sois más religiosos que nadie, pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados he encontrado también un altar en el que estaba escrito: Al Dios desconocido. Pues bien, yo vengo a anunciaros lo que veneráis sin conocer. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos fabricados por los hombres, ni es servido por manos humanas como si necesitara de algo el que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo, de un solo hombre, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra. Y fijó las edades de su historia y los límites de los lugares en que
los hombres habían de vivir, para que buscasen a Dios, a ver si al menos a tientas lo encontraban, aunque no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vuestros poetas: Porque somos también de su linaje.”
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En el libro Nezahualcóyotl, vida y obra (J.L. Martínez, Fondo de Cultura Económica), encontramos dos escritos muy significativos. En el primero, Nezahualcóyotl, hace un reconocimiento del Dios no conocido y en el segundo, hace una acción de gracias, también al Dios no conocido.
En el primero, dice: “Verdaderamente que los dioses que yo adoro, que son ídolos de piedra que no hablan ni sienten, no pudieron hacer ni formar la hermosura del cielo, el sol, luna y estrellas que lo hermosean y dar luz a la tierra; (ni los) ríos, aguas, fuentes, árboles y plantas que la hermosean; las gentes que la poseen y todo lo creado. Algún dios muy poderoso, oculto y no conocido es el creador de todo el universo, él sólo es el que puede consolarme en mi aflicción y socorrerme en tan grande angustia como mi corazón siente; a él quiero por mi ayudador y amparo”.
En el segundo escrito, dice: “Muchas gracias te doy, Dios Todopoderoso y hacedor de todas las cosas, como causa que eres de todas las causas, que bien y verdaderamente creo que estás en los cielos claros y hermosos que alumbran la tierra, y desde allí gobiernas, socorres y haces mercedes a los que te llaman y piden tu favor, como conmigo lo has hecho, y te prometo de reconocerte por mi señor y creador; y de agradecimiento del bien recibido, de hacerte un templo donde seas reverenciado y se te haga ofrenda de toda la vida, hasta que tú, señor, te dignes de mostrarte a este tu esclavo y a los demás de mi reino; y de hoy en adelante ordenaré que no se sacrifique en todo él gente humana, porque tengo para mí, que te ofendes de ello”.
Ahora, joven amigo o amiga, ¿tú que piensas? ¿crees o no crees?



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